Al despertar el día

By | 19/11/2010

Es una practica tan arraigada que ya uno lo hace automáticamente y pierde referencia del papel que juega en nuestra vida la alegría de ese primer mate.

En mi caso es una especie de ceremonia que comienza con el momento en que vierto la yerba en el mate. Esa especie de catarata de oro verde que se mezcla con las primeras luces del día y termina con ese movimiento que lo deja pronto para para su primer transformación.

Ese momento mágico en el que al ponerle agua fría la yerba emerge, crece al recibir el agua que baja entre los pequeños trozos de yerba y humedece hasta el fondo. No siempre funciona pero cuando eso pasa, es la señal que este mate será de los buenos. Luego le meto agua tibia, la que queda en el termo del día anterior (soy de esos que toma mate solo de mañana) y espero a que la caldera comience a sentir el calor de la hornalla.

Mientras el agua se calienta, miro hacia afuera, disfrutando la vista que este país me brinda todos los días, así como si fuera su obligación.

A los primeros ruidos, cuando aparece muy lívidamente humo, apago y cargo el termo. Pongo la bombilla y luego lleno de agua caliente para completar el proceso de hinchado de la yerba.

Debo reconocerlo, que ya de camino, tomo mi primer mate. Y cuando me enfrento al trabajo del día ya me siento acompañado por una tradición que al despertar el día me une con lo mejor de mi.

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